Está claro que cuando se organiza un abierto nacional, se hace porque se quiere ver a los mejores en tu tierra. En este caso, en Palencia y con olímpica; tuvimos esa suerte. Todos sabíamos que, a priori, la pareja formada por Iván Martínez y Jorge Frías, iban a ganar. Y además, con soltura. El pronóstico se cumplió, desde luego.
Pero esta vez esta pareja nos demostró porqué ha llegado en el frontenis hasta donde lo ha hecho. Aprendimos otra vez porqué las cosas son como son. Todos sabemos que jugar ganando hace las cosas más fáciles. Pero Iván y Jorge nos dieron otra lección.
Cualquier jugador normal, en una semifinal perdiendo 14-3 y una final con el mismo marcador, hubiera perdido el partido. Y no es que se hubieran relajado, no. Sino que los contrarios metieron en ambos partidos mucha presión y Jorge estaba más que incómodo en los 36 metros. Pero es ahí donde se ve la madera de campeones. Salvo algún grito de descarga de adrenalina, mientras que las cosas pintaban feas, no cejaron en ningún momento en el empeño de encontrar la mejor jugada, la mejor posición para encontrar el hueco al contrario. Tenían fe en que podían, sabían que podían. Y así lo demostraron. Con paciencia, con coraje, con seriedad, animando al compañero en todo momento, hablándose mucho, consiguieron igualar ambos partidos por allá el tanto veinte. Y hasta aquí llegaron los contrarios. Cuando olfatearon el aliento de los campeones en el cogote, no resistieron la presión. El esfuerzo físico obligado para intentar mantener la distancia con los campeones Iván y Jorge, les pasó factura, tanto a Iván Jimenez y Juan Iranzo en la final como en la semifinal a Javier Ribas y Guillermo Rabanal. Las dos parejas fueron dignos oponentes que cayeron frenet al mejor dúo de España en estos momentos.
Para mí, el jugador más determinante en este abierto fue Iván Martínez, quien supo mantener la frialdad y los conceptos técnicos hasta romper las estructuras mentales de sus oponentes. Porque gracias a Dios, en técnica, empiezan a surgir nuevas promesas. Vamos a darles tiempo y oportunidades.
Pd.- Jugué ese campeonato y disfrute como un niño. Algún día explicaré porqué sigo jugando algún campeonato aunque ya me arrastre por las pistas.