
Tras la experiencia vivida he decidido asegurarme. Más que nada por si algún día le abro la cabeza a alguien sin querer. El otro día estaba dando unas clases y se me ocurrió pedirle la raqueta a uno de los chavales para explicarle un movimiento. Cogí la raqueta,pedí que me lanzaran una pelota a una determinada posición y cuando golpeé la pelota, esta salió hacia el punto correcto - no esperaba menos. Pero junto con la pelota, salió la raqueta. El mango estaba tan usado que era una superficie pulida. De milagro no maté al jugador que tenía delante. Claro, que con razón el chaval no conseguía nunca pegarle a la pelota con fuerza y precisión. Creo que se pasaba los entrenamientos intentando que no se le escapara la raqueta.
Tras el susto, pedí otra. Esta vez, la sujeté con fuerza, para evitar otro accidente. Golpeé la pelota - con mi precisión habitual,je - y le devolví la raqueta al chaval. Bueno, lo intenté. Se me quedó pegada a la mano. ¡Madre mía! Tenía tanta roña el mango que se te metía entre los dedos y hacía un grumo compacto imposible de deshacer.
Cuando conseguí separarla de mi mano, no sin despellajarme un poco la palma, pedí otra. Tras un par de ejecuciones perfectas por mi parte - creo que aún no os he comentado la exactitud milimétrica de mis golpes - sentí un dolor irresistible en la palma de la mano. La tenía deshollada. El mango de la raqueta parecía papel de lija.
Decidí acabar el entrenamiento y llevarme a todo el grupo a comprar mangos, a ver si conseguíamos un buen descuento por compras de gran valor.



