
La verdad es que los entrenamientos específicos de un golpe o un movimiento del frontenis me gustan. Ayudan a centrar las expectativas y puedes poner metas alcanzables. Me explico: imaginemos que un jugador tiene un revés al que le falta profundidad. Tras estudiar el problema detectas que mejorando tres cosas, por ejemplo, perfil, anticipación y antebrazo, el golpe se puede mejorar. Empieza el entrenamiento. Unos 40 minutos de repeticiones en varias posiciones del frontón, repitiendo permanentemente esos conceptos, recordando al jugador que debe trabajar esos tres aspectos y dando en cada momento más o menos importancia a cada uno de ellos. Acabas el entrenamiento, satisfecho porque has conseguido que tu jugador en algún momento consiga a su golpe un metro más de profundidad, y por tanto le has demostrado que lo puede conseguir.
Entonces viene la pregunta: "Bueno, ¿que tal?" y el jugador, que también está contento porque ha conseguido descubrir que puede mejorar te contesta que bien. Esto te alegra.
Y haces la siguiente: "Entonces, ¿ya sabes que tienes que mejorar para conseguir esa profundidad? El jugador piensa, tú te mantienes expectante, tarda un poquillo y al final contesta: "jo, tengo que cambiarlo todo"
¡¡¡Noooo!!!, mi gozo en un pozo. He fracasado. La respuesta correcta era "sólo tengo que cambiar tres detalles, en este caso: perfil, antebrazo y anticipación" y además, tener la seguridad que si tras ese entrenamiento lo ha conseguido, es que puede llegar a hacerlo de manera automática, tan sólo dedicandole un poco de entrenamiento.
El problema es que el jugador se quede con la sensación de que el cambio es total y que además entraña dificultad. Entonces se va a bloquear. Hay que animar a los jugadores a que vean las cosas como sencillas. Tres correcciones, un gran cambio. Éso sí, luego hará falta trabajo. Pero con cosas fáciles de entender. No admitamos que el concepto absoluto del todo desanime a nuestros jugadores. Cojamos el "todo" por los cuernos.
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